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escrito por jshm
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jueves, 28 de agosto de 2008 |
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Timothy Garton Ash describe a Obama como un genio de la vaguedad inspiracional. Encarará un enorme reto. Más allá de lo que se ha diho en estos días, no podrá, por la fuerza de su historia americana, ni por su oratoria magnética, cambiar a su país y cambiar al mundo. Tendrá que percatarse que la fuerza de su país en el mundo declina. |
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escrito por jshm
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jueves, 28 de agosto de 2008 |
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El gran crítico literario, lexicógrafo y satirista H. L. Mencken , abría todos los años un par de paréntesis a sus ocupaciones para sumergirse en las convenciones de los partidos. El escritor se apartaba de su meticulosa inspección del idioma para deambular en los pasillos y salones donde traficaban poder los jerarcas de los partidos. Visto el espectáculo de cerca, parece ser claro que la política no tiene gran utilidad, decía. Es una actividad disipada, sórdida, obscena, escabrosa. Sus virtuosos no son más que canallas con talento. Pero no nos olvidemos que la política tiene una fabulosa capacidad para relajarnos y que ha prestado extraordinarios servicios a la industria del entretenimiento. Ese era el dominio de las convenciones: fuentes de un placer morboso y divertido; espectáculos grotescos y fascinantes.
El periodista de Baltimore tenía un oído atentísimo a la disonancia oratoria. Sus descripciones de los discursos de potentados y aspirantes son joyas de la exageración y la precisión. Algún orador le recordaba una liga de esponjas mojadas, a una rancia sopa de frijoles, a perros ladrando idiotamente en una noche interminable. De la factura de algún mensaje decía que estaba peor escrito que un texto redactado por un profesor de inglés. El reportero?que, por cierto, no sentía ninguna simpatía por la democracia?responsabilizaba al auditorio de la ruidosa palabrería. La gente no quiere ideas: quiere palabras. Desea vacuidades sonoras mil veces repetidas, aderezadas con gestos enérgicos. Si la frase ruge, no importa si tiene significado.
Los juicios de Mencken siguen describiendo con puntualidad la oratoria predominante. La interminable procesión de declamadores que calientan la arena para los principales oradores repiten mil veces el mismo guión: una conmovedora historia familiar, los desastres de los ocho años republicanos, la equivalencia de las políticas de McCain y Bush, una súplica a Dios para que bendiga a su país. La anécdota de la niña con cáncer que lloraba y sólo pedía la oportunidad de tener un seguro de vida; una referencia a su amorosa esposa Lucy y a sus nietos que sólo quieren seguir viviendo el sueño americano. La mezcla es inquietante a los oídos extranjeros: mezcla de familia, creencias y política. Matrimonios, nietos y dioses invocados como argumentos legítimos en la batalla electoral.
Pero entre este grajeo aparecen, en buen momento, mensajes que cuentan, que expresan una visión estratégica, que desarrollan una idea que crece, y comunican una emoción en ascenso, que raptan la atención de un auditorio. Palabras que resultan eficaces. No han faltado estos mensajes en la Convención de Denver. El discurso de Edward Kennedy ligó el presente con las grandes aspiraciones del partido. Precedidas por una seria tensión, las palabras de Hillary Clinton?un tanto impostadas y autorreferenciales?empezaron a caminar la ruta de la conciliación partidista. La charla de Kerry, a pesar de su sabida entonación distante, denunció inteligentemente a los republicanos que se creen dueños del patriotismo. La gran pieza de la convención ha sido, sin lugar a dudas, la admirable pieza del expresidente Clinton. Clinton llegó a su cita como el gran patrono que empezaba a perder ascendiente entre sus fieles. Sus ataques a Barack Obama durante la elección primaria habían dejado heridas vivas. Su intervención le restituye a Clinton autoridad dentro de su partido. Discurso ejemplar: teje un mensaje sencillo y poderoso, bien medido, inteligente y apasionado, profundo y directo. Hizo un reconocimiento a su esposa, pero, a diferencia de ella, colocó a Barack Obama en el centro de su alocución. Su elogio fue político y también personal. Y, sobre todo, encaró la principal crítica que recibe el abanderado demócrata y que es, en buena medida, herencia de la batalla primaria: la inexperiencia de Obama, su impreparación en asuntos de seguridad nacional. Creo que Clinton pronunció hoy uno de los mejores discursos de su vida. Lo hizo situándose en la plataforma del estadista que palpa los desafíos internos y exteriores de su país y que convoca a su partido a respaldar a su antiguo adversario. Anoche fue buena noche; la mejor noche de los demócratas. |
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escrito por jshm
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jueves, 28 de agosto de 2008 |
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- No hay (cosa rara en la convención) video que presente al orador.
- Al presentarse, la casa se cae. El festeja: adoro ésto (la fiesta--y la ovación) pero vengo a trabajar en algo importante. A apoyar a Barack Obama. También vengo como telonero de Biden (ovación, risas)
- Referencia a la intensa campaña demócata. Chiste: el calor de la elección primaria contribuyó al sobrecalentamiento de la Tierra.
- Mi candidata no ganó pero estoy enormemente orgullosa de ella y estoy agradecido de haber podido recorrer el país con ella. No estoy tan agradecido de hablar después de su magnífico discurso. (Risas)
- Insistencia en que ella y él van a apoyar a Obama: somos dos; somos 18 millones.
- Hablo desde una posición única: tengo autoridad como expresidente de los Estados Unidos y sé que el país tiene dos riesgos: el sueño americano está en riesgo, nuestro lideago en el mundo se ha debilitado.
- Crítica al uniletarismo bushiano.
- Elogio largo de Obama como la persona necesaria para encarar los retos. Inspira, etiende la política mundial, su biografía le permitirá encabeza un país diverso en un mundo crecientemente diverso. Obama está listo para ser presidente. (Ovación).
- Obama conoce, Obama entiende, Obama tiene la curiosidad necesaria...
- Talentos de Obama en el frente internacional: recuperará la fueza del ejemplo, no el ejemplo de la fuerza.
- Talentos de Obama para la política interna. Lista de males heredados por los republicanos.
- Elogio al servicio de McCain que antecede la crítica: en los asuntos cruciales de la elección, está amarrado por la filosofía de su partido.
- Los republicanos quieren darnos cuatro años más. Hay que decirles: gracias, pero, no gracias.
- Hace 16 años decían que yo era un inexperto, incapaz de ser comandante en jefe. ¿Suena conocido? (Sí, diría yo, lo has dicho tú frecuentemente).
- Obama está en el lado correcto de la historia: es la encarnación del siglo XXI del clásico sueño americano.
- Si creen que este país es tierra de esperanza, acompañennos para lograr que Barack Obama sea el siguiente presidente de los Estados Unidos.
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escrito por jshm
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miércoles, 27 de agosto de 2008 |
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Esto puede entresacarse en la prensa y en la red. Howard Kurtz resalta que Hillary Clinton no elogió a Obama, no habló de sus cualidades personales, no habló de su capacidad de mando. Esa misma ausencia resalta el New Republic.Un discurso que no pareció del todo sincero. John Dickerson cree que el discurso fue bueno pero con omisiones serias. Un discurso del que ningún obamita podría quejarse se dice en el National Review. Un discurso que no reconoce la elección primaria. Gestos para Obama pero es, sobre todo, un discurso sobre ella, dice Sam Boyd en el American Prospect. Jonathan Cohn lo elogia no como gran pieza oratoria, sino como efectiva pieza política: palabras en su sitio, en el momento adecuado, dichas por la persona correcta. Para Ezra Klein el discurso debe leerse como una reafirmación de orgullo demócrata; no como un discurso sobre Obama o sobre Hillary sino sobre la identidad demócrata. Jonathan Chait cree que fue un mensaje renuente... pero persuasivo.
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escrito por jshm
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miércoles, 27 de agosto de 2008 |
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En momentos en que todos deuncian el imperio de la apatía, el entusiasmo se manifiesta. La política sigue siendo capaz de encender el ánimo, de movilizar la imaginación, de perfilar esperanzas. El animal demócrata no está libre de contrariedades y desaveniencias pero manifiesta algo palpable. Se ve en los ojos jubilosos y los hombros desmoralizados que se cruzan en esta convención. Vienen del mismo sitio: la pasión. En la dicha inmensa de los delegados negros que caminan orgullosos por los pasillos y en el orgullo terco de las mujeres mayores que presumen el respaldo a su candidata se ve algo más que el cruce de clientelas frustradas y exitosas. Se percibe la autenticidad de la emoción política. Durante la larga campaña interna del Partido Demócrata, Barack Obama y Hillary Clinton fueron algo más que candidatos: símbolos de causas hondas, anhelo de cambios históricos, propelas de movimientos resueltos. Cada uno de ellos, por supuesto, aportaba a la campaña una biografía, un paquete de propuestas, una visión para el futuro de su país. Pero entraba con una carta adicional: el palmario poder emblemático de sus candidaturas: la posibilidad de que al cerrado club de presidentes de los Estados Unidos se incorporara una mujer o un negro. Aún un insensible a las sensibilidades de la identidad como el que escribe apresuradamente esta nota se percata de la fuerza de estos emblemas.
El Partido Democrata ha sido escenario de un duelo de hazañas. La campaña interna fue larga y enconada. Pero fue, sobre todo, el choque de grandes ambiciones y de grandes personajes. Clinton y Obama, cada uno a su modo, cada uno con su vocabulario y cada cual con sus distintas pericias han se han afanado por escapar de un capítulo histórico para brincar a otro. Cada uno confrontó un enemigo corrosivo e invisible: el prejuicio. Dos candidaturas contra la discriminación. Ninguno de ellos se escudó exclusivamente en la carta de su identidad. Ambos son especímenes políticos formidables. Él un predicador del consenso, un magnífico organizador, un comunicador prodigioso. Ella, una combatiente feroz, versada como nadie en los mecanismos del poder, una realista alerta a la conspiración de los detalles. El gran contratiempo en el Partido Demócrata fue que las hazañas que representaban sus abanderados tuvieron que enfrentarse. No había espacio para la conjunción.
Las gestas de la inclusión no han dejado de combatir y de excluirse. Las hostilidades entre los excandidatos han cesado. Con tardanza pero sin ambages, Hillary Clinton aceptó su derrota. Pero las aguas puestas en movimiento no pueden detenerse de pronto. Las palabras de reconciliación se han pronunciado pero la herida sigue visible. Por los pasillos de la convención y en la ciudad de Denver deambulan viudas. En su mayoría son mujeres mayores. Están armadas de botones, camisetas, sombreros y bolsas de su heroína. Aceptan la derrota de su candidata pero se sienten lastimadas, maltratadas. De muchas maneras expresan su renuencia a trabajar por una candidatura que no logran hacer suya.
Hillary Clinton perdió la candidatura por una compleja cadena de causas. Arrogancia propia y prejuicios ajenos; por desorganización interna y por la estrategia del adversario; por su respaldo a la invasión de Irak y la pesada carga de su marido. Anoche hizo lo que tenía que hacer: apoyó a Barack Obama y llamó a votar por él. Profesional, cumplió. ¿Fufe convincente? La factura de su discurso fue impecable y contuvo las palabras esperadas: Obama es mi candidato. Pero volvió a pronunciar un discurso autorreferencil, un discurso que no deja libre el escenario para el candidato y sigue rindiendo homenaje a la dinastía Clinton. Yo, yo, Obama, yo, yo, mi marido. El problema no es que el país no esté preparado para un presidente negro, decía alguien en estos días. El problema es que los Clinton parecen no estar preparados para que nadie más que ellos ejerza el liderazgo en el Partido Demócrata. |
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escrito por jshm
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miércoles, 27 de agosto de 2008 |
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U na avalancha de papel nos amenaza. La conmemoración de los redondos cumpleaños de la independencia y la revolución amenazan con sepultarnos en un alud de libros de todo tipo: doctos seminarios empastados; pesadas ediciones de lujo sobre los próceres; facsímiles y reediciones, diccionarios, almanaques, atlas. Papel sobre papel. El centenario festejó a Porfirio Díaz como el fundador de la república, inauguró una universidad, organizó fiestas, levantó monumentos y hasta construyó un manicomio. A dos años de conmemorar cien años más de vida independiente, los ladrillos escasearán y proliferarán las tiradas. Una aventura editorial sobresaldrá de las muchas que conoceremos en los próximos años: 2010. Memoria de las revoluciones en México. No es fácil saber de qué se trata. Una edición exquisita que se anuncia periódica, con textos sustanciosos y largos. En el título evoca las fiestas del (bi)centenario pero es algo más, una seductora invitación a la memoria mexicana. Desde la portada se evoca la efeméride, la fecha del cumpleaños y una referencia a nuestras rupturas. No creo, sin embargo, que la publicación esté atrapada por el aniversario, ni que esté detenida en las sacudidas traumáticas de nuestra historia. El primer número de la revista anuncia el esfuerzo por encontrarnos, de modo sutil, con el recuerdo. No es la invitación a una fiesta; no es una alabanza de los héroes; tampoco es boletín de un club, ni el pretencioso obsequio para los clientes de una empresa. Agrego que no es tampoco una declaratoria de nuestra decadencia inevitable. Es una invitación a la memoria.
Resulta difícil llamarla revista, pero lo es. No es un objeto portátil que podamos maltratar sin culpa. No es la revista que podemos apachurrar con el resto del mandado, la revista que se pierde en la basura, junto con el periódico del día anterior. 2010 está destinada a convertirse en una colección permanente, una referencia constante de nuestras historias. La dignidad de la edición la convierte en una pieza para acariciar y para ostentar. Su lectura pide algo que las revistas apenas buscan: una ceremonia de lectura. Una discreta reverencia al pasar las páginas, atención cuidadosa al contemplar las imágenes?que no son meras ilustraciones, sino documentos valiosos en sí mismos?concentración al leer los textos, las reseñas, las estampas.
La revista en ese sentido invita una multiplicidad de lecturas y una variedad de lectores: desde el académico que encontrará un aporte fundado en una investigación sólida hasta quien se deleita en la lectura visual. El diseño no distrae a ninguno de esos lectores. La sobriedad clásica de las páginas?texto negro sobre página blanca; texto blanco sobre página negra; tipografía legible, profusión de imágenes a pleno color?premia cada encuentro. Resumo las virtudes de la publicación en dos palabras: seriedad y elegancia. Una revista seria, escrita por profesionales de la historia, realizada por virtuosos de la edición. También una revista elegante que recuerda las ediciones de Franco Maria Ricci. Buena manera de emplazar al recuerdo. |
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escrito por jshm
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miércoles, 27 de agosto de 2008 |
- El discurso es precedido por un video de homenaje
- Se reparten cientos de carteles con su firma. No hay permiso para carteles espontáneos. Ahora es el tiempo de repartir cartones con la firma de Hillary. La música canta: cambiar el mundo."
- En pantalla imágenes del pasado: la hija presenta a su madre, la senadora. Se intercalan imágenes de su orgulloso Marido con su estudiada expresión labial. Clinton, otro clinton, clintons, clintons. Pregunto ¿quién ganó la elección pimaria?
- Se declara orgullosa promotora de Obama. Llama a la unidad.
- Referencia autobiográfica. Yo. Yo. Mis luchas. Mi campaña. Los terribles años desde que dejé la Casa Blanca.
- Buena línea: "No way, no how, no McCain."
- Obama es mi candidato. La frase es dicha con los dientes, sin los ojos.
- Recuerdos de Mi Pueblo y Yo. Ustedes son parte de mi vida. Yo soy parte de la suya. Gracias.
- Mirada lacrimosa del Marido en la pantalla.
- Agradecimiento a sus seguidoras. Algún chistín que no entiendo.
- Mirada risueña de su Marido en la pantalla.
- Recuerdos de demócratas que inspiraron a Ella.
- Lista de miserias del mundo desde que Ella dejó la Casa Blanca. Los invisibles al gobierno de Bush.
- Pregunta retórica: ¿se involucraron en la campaña por mi o por mis causas?
- Mirada orgullosísima del Esposo en las pantallas.
- Tenemos que elegir a un demócrata. Tenemos que elegir a Obama. Debajo de la frase se escucha: tenemos. No es que sea mi deseo, pero es mi deber apoyar a Obama.
- Un elogio. Mi adversario en la elección democrata es un buen proteccionista. Obama empezó su carrera luchando por los trabajadores desplazados por la "economía global.
- Los demócratas sabemos cómo hacerlo. Lo hicimos...con mi Marido.
- Marido sonríe y saludo a Esposa.
- Y no puedo esperar el momento en que el Presidente Obama firme la legislación que Yo he diseñado.
- Michelle lo hará bien, Biden lo hará bien, su esposa lo hará bien.
- Buenos latigazos a McCain.: ¿cuatro años para repetir los ocho previos? McCain como clon de Bush.
- Convincente alegato histórico: mi abuela nació cuando las mujeres no podían votar; mi hija votó por su madre para presidenta.
- El momento más emotivo hasta el momento: ¡Sigue! ¡Sigue! Somos americanos, no nos atemorizamos por nada. Y tenemos que seguir cumpliendo el deber de elegir a Barack Obama. El llamado no resuena como invitación al voto futuro sino como la tenacidad tras la derrota pasada.
- Final obligado: Dios y bendiciones.
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escrito por jshm
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martes, 26 de agosto de 2008 |
Otros cartones por aquí...
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escrito por jshm
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martes, 26 de agosto de 2008 |
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Se ha reeditado recientemente la crónica de Norman Mailer de las convención de 1968: Miami and the Siege of Chicago . Paul Berman cree que es una extraordinaria cápsula de Estados Unidos en un mal momento y de un escritor que también pasa por un mal momento. Christopher Hitchens, por su parte, cree que este documento es el útlimo ejemplar de una admirable tradición periodística en los Estados Unidos: la crónica de las convenciones. La tradición que inauguró Mencken fue clausurada en este libro por Norman Mailer.
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escrito por jshm
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martes, 26 de agosto de 2008 |
10.04 - Veo a Bill Clinton. Foro del Instituto Nacional Demócrata. Habla de los grandes desfíos de la seguridad planetaria pero su línea parece insistir en su pleito con Obama. La política no son las ideas atractivas, sino la capacidad de ser eficaces.
10.09 - Insiste que hay gente buena, trabajadora, con buenas intenciones que es incapaz de lograr lo que se propone. No son tontos, ni flojos ni malos. Pero no pueden dar resultados.
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